ENTREVISTAS/PRENSA

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  • Salvador Compán: «La sociedad de la posguerra fue muy parecida a la de la Contrarreforma»
    ABC 5 de Mayo de 2017

    Salvador Compán (Úbeda, 1949) regresa al territorio en que creció en su nueva novela, la séptima en su bibliografía, titulada, a partir de un verso de Antonio Machado, «El hoy es malo, pero el mañana es mío» (Espasa). El escritor radicado en Sevilla traza una historia de esperanza y redención en los años de plomo de la posguerra española en Daza, ciudad imaginaria y acrónimo de Úbeda y Baeza, y alrededor de un pintor, Vidal Lamarca, que volverá a despertar a la vida cuando comience la relación con una mujer.

    --Vidal Lamarca es un personaje complejo. Ha sufrido en la Guerra Civil pero que también ha infringido daño.

    --Es un personaje que lleva esa cárcel dentro, como encerrado en varios recintos, como un extranjero dentro de la ciudad. El último círculo concéntrico de esos recintos es la culpa de un delator que, efectivamente, ha hecho daño y que tiene que redimirse como puede y al final encuentra esta idea, que en gran modo es redentora: Nadie si es humano debe ser un vencido, lo propio de la humanidad es la resistencia. Cuando alguien está derrotado del todo, renuncia a sus facultades humanas en general o por lo menos las aparta. Y él tiene ese punto de resistencia, de quererse a sí mismo, con la ayuda o con la gran palanca del amor que es el que va generar la metamorfosis…

    --La entrada de Rosa Teba supone todo un revulsivo para Lamarca.

    --Exacto, es, de pronto, verte a ti mismo que no te quieres y ver a alguien que sí te quiere. Encontrar en esa mirada del otro un espejo más real que al que estás acostumbrado cuando te miras a ti mismo, ese es el camino de emancipación que encuentra, cuando ve que alguien encuentra valores que él mismo no se ve. Y desde ahí quiere parecerse a la mirada del otro. En definitiva, eso es el amor, nos imaginamos al otro, nos lo inventamos, pero procuramos saber cuál es la imagen que tiene de nosotros el otro e intentamos parecernos a ella, eso es lo que intenta Larmaca.

    --Sitúa la acción en una ciudad trasunto de Úbeda y Baeza, dos ciudades que conoce bien, ¿pero también las ha elegido porque una ciudad pequeña de provincias simboliza mejor la España de posguerra?

    --Sí, se ve más en carne viva, porque en espacios pequeños todo resuena más y es más visible. Pero hay otras razones.Me gustaba la idea porque Daza es un acrónimo de Úbeda y Baeza, y lo quise hacer así porque son dos ciudades que están a nueve kilómetros una de otra y esa proximidad espacial la han tenido también histórica y culturalmente. Además, es el territorio que conozco. Siempre que hay que poner en pie la historia y los personajes en un espacio que se conozca. No podría poner en pie una novela situada en Moscú, la podría contar, pero sería una traición a mí mismo como narrador. El espacio puede tener un valor significativo y aquí lo tiene como ciudad provinciana donde la asfixia de la dictadura era más palpable.

    -- ¿Por qué cree que hay en los últimos años una vuelta hacia la posguerra en buena parte de la narrativa española? ¿por qué hay ese interés?

    --El pasado nos debe interesar siempre y el reciente, doblemente. Si es tan traumático que supuso un tajo que dividió España por la mitad en esa guerra fratricida que es lo peor que le puede pasar a un pueblo, hay que analizarlo, asimilarlo. No se puede tapar con una alfombra. La posguerra es el oscuro resplandor que la guerra dejó. Tiene unos formantes sociales y estructurales muy parecidos a los de la Contrarreforma, un periodo también traumático. La posguerra convirtió a España en algo anémico, cultural y materialmente, y casi catatónico. Esa sociedad tuvo casi las mismas características que la de la Contrarreforma en el Siglo de Oro, de una gran presencia de dogma religioso, la división entre españoles de primera división del bando nacional, que eran como los cristianos viejos frente a conversos y judíos. Hay tantas concomitancias que la posguerra sigue siendo un territorio narrativo con mucha capacidad semántica, de explicar vidas sometidas a presiones. Lo propio de la literatura no es contar lo cotidiano, porque todas las familias felices se parecen.

    -- Como decía Tolstói.

    --Así comienza «Anna Karenina» y, sin embargo, las desgraciadas lo son cada una a su manera. Los periodos históricos, cotidianos, sin grandes sobresaltos, se parecen unos a otros, me refiero desde el punto de vista literario. La normalidad es mucho menos literaria, rinde menos narrativamente, poética o dramáticamente, que los periodos donde hay distorsión. Lo propio de la novela, de hecho, es que haya cambio, una tesis, una antítesis, un estado de equilibrio que debe desequilibrarse porque si no, no hay historia.



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  • "Quise reivindicar a María Lejárraga y a tantas mujeres que sufren maltrato"
    Diario de Córdoba 28 de Mayo de 2012

    --Usted ha dicho que a veces se escribe para añadir páginas a la vida y que, en este caso, le había motivado escribir una página que faltaba, la de María Lejárraga. ¿Qué le impulsó a escribir sobre María y por qué una novela y no, por ejemplo, un ensayo?

    --María Lejárraga fue una mujer fascinante y solidaria, tan generosa como expoliada, que se dejó robar su obra literaria por su marido y que solo tuvo la recompensa del exilio y de la soledad. Yo quise reivindicar a una persona así y, en general, a tantas lejárragas que todavía nos rodean, mujeres que en silencio sufren cualquier tipo de maltrato. Como soy novelista, he utilizado las armas de la narración para escribir una historia actual, con personajes de hoy y con una protagonista que, en realidad, será quien escribirá la página que le falta a la vida de María Lejárraga.

    --Para reivindicar la figura de María Lejárraga se sirve del expolio literario a otra mujer, Luisa Lasarte. Sin embargo, ambas son muy distintas. Mientras María admiraba a su marido y utilizaba sus apellidos incluso después de muerto, Luisa lo odia, incapaz de asumir la pérdida de su obra.

    --No solo la obra robada. Lo que Luisa no acepta es el robo de su vida, de su condición de mujer, mientras que María Lejárraga fue una persona que dedicó su vida a luchar por la igualdad y, sin embargo, se dejó vampirizar por su marido, que la abandonó por la primera actriz de su compañía teatral y siguió firmando hasta su muerte lo que ella escribía. Una paradoja la de María que, quizá, solo puede darse en una persona que llevó la generosidad a su máximo grado.

    --'Palabras insensatas...' es la historia de un expolio literario cruel y sin excusas, pero es también la historia de una venganza, de cómo Luisa, a través de la seducción, utiliza a los demás para ponerlos al servicio de su causa.

    --Más que vengarse, lo que hace Luisa es buscar la salida de la cárcel en la que la ha encerrado el marido. Esa cárcel tiene los muros muy gruesos porque Luisa guarda el secreto que puede destruir a su carcelero. Tendrá que salir abriendo muchos cerrojos, utilizando la cautela y la inteligencia, olvidando su miedo o apoyándose en quien puede ayudarla. Es todo como una huida, lenta y calculada, hacia su autonomía.

    --¿Quedan muchas Marías Lejárragas por descubrir, por hacerles justicia?

    --Desgraciadamente, sí. Mujeres que les dedican todo su tiempo a los maridos, que no viven su propia vida sino la del otro o que tienen un salario inferior al de los hombres. O que dan, que viven para dar, sin recibir. Como si tuvieran que cargar con un peso ajeno que alguien (digamos que una tradición patriarcal y perversa) les ha puesto sobre los hombros.

    --El libro refleja o sugiere también la trastienda de la edición, el robo de ideas o poemas. ¿Significa esto que cualquier poeta novel que se presenta a un concurso o envía su original a un editor se puede encontrar un día con un libro suyo -o parecidísimo- a nombre de otro? ¿Hay muchos expoliadores literarios como Díaz-Rey, el marido de Luisa?

    --Esperemos que no haya emboscados muchos depredadores como Díaz-Rey o como Martínez Sierra. Desde luego, el mundo literario no es una cacería de obras ajenas. Sin embargo, han sido noticia personajes notorios que han resultado ser profesionales del plagio o de la contrata de negros literarios.

    --¿Qué opina de la intertextualidad? ¿Estamos abusando de ella?

    --Creo que la facilidad que da internet para cortar y pegar textos de otros está ya dando negros frutos en las universidades o, en general y sobre todo, en los textos ensayísticos.

    --Uno de los principales aciertos de la novela es su composición, a modo de reportaje de investigación o "crónica llena de inmediatez y de realidad" que permite a los lectores ver cómo se va montando la historia. ¿Tuvo claro desde el principio que debía contarla así? ¿Por qué lo hizo?

    --Sí. Cada novela tiene sus exigencias. Esta es una novela en la que las pasiones están tan a flor de piel que llegan a ser como "personajes" con vida propia. Por eso, quise que los sentimientos se vieran crecer desde dentro, con todos sus matices; que la historia fuera tan cercana al lector que la viviera con los ojos de los protagonistas sintiendo cómo la literatura puede ser una experiencia insustituible, esclarecedora, y un viaje liberador.

    --Hay algunos asuntos que se han quedado sin resolver, como el juicio a Scott Cover. ¿Significa esto que tendrá continuación?

    --Está resuelta la acción fundamental. Lo que queda abierto es ya del lector. Es él el que debe completar la novela, su novela. Esa es la continuación que desearía para Palabras insensatas que tú comprenderás .

    --¿Qué esta escribiendo actualmente?

    --Escribo otra novela que no sé a dónde irá, porque está en esa fase en la que, para mí, escribir es descubrir, buscar, sorprenderme a mí mismo.

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